Las manchas y la intimidad: espacios compartidos entre la educación y la mediación

 

“Ya en la Inglaterra del siglo XIX se debatió, en el comité directivo de la National Gallery, sobre cómo manejar la multitud. La multitud eran, por ejemplo, mujeres de la clase obrera que se cobijaban de la lluvia en el museo, donde, entre otras actividades, amamantaban a sus hijos. Su ropa mojada fue calificada como un riesgo para la seguridad de las obras de arte, y se les acusó de utilizar el lugar para fines inapropiados” (Mörsch, 2015: 11-12).

 

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Un museo como un lugar donde cobijarse: donde cabe la ropa mojada y hay espacio para el cuerpo.

Frente a la idea ilusoria de que el museo está únicamente formado por obras de arte y paredes blancas, sabemos que los discursos atraviesan toda la institución, aunque en esa red de relaciones a veces se excluya al espectador.

Todo media. Pero no todo habla. Una cartela, una hoja de sala, un vinilo en la pared; un catálogo, la propuesta curatorial, una crítica de arte. Pero la mediación y la educación ofrecen un espacio en vivo para el diálogo, la reflexión,  la discusión y el debate. Posibilitan unas coordenadas para situar el cuerpo y la mirada frente al hecho cultural.

Mediación y educación como afecto, como construcción de lo social y de lo compartido. Las instituciones culturales son enormes dispositivos que producen conocimiento y relatos canónicos. El llamado cubo blanco se identifica así con lo conceptual, lo que no cambia, lo que no queremos que cambie; el espacio expositivo legitimado por un discurso. Sin embargo, cuando se trata de “habitar” ese espacio y ofrecer un tiempo para lo contingente (una voz más alta que otra, un niño que anda despistado, un adolescente que ocupa demasiado al sentarse en el suelo, risas de niños y niñas al ver un desnudo…) entonces la institución y los agentes culturales “serios” (comisarios, gestores, directivos, etc) empiezan a ponerse algo más nerviosos.

Con los niños nos sentamos en el suelo. También con los adolescentes. ¿Y por qué no con los adultos? Es curioso que sólo se habla de educación cuando se trata de público en edad escolar, muchas veces porque sus visitas forman parte del currículo académico. Pero también se produce la educación con adultos. Del mismo modo, con los niños también hay mediación. ¿Y qué es mediación? ¿Qué es educación? Lo pensamos todos los días y todos los días pensamos posibles respuestas.

Así, de manera simplista, la mediación se sitúa en una posición más equidistante y la educación tiene un componente de transmisión de contenidos. Pero, claro, son definiciones muy estáticas y tradicionales que no corresponden a la realidad de nuestra práctica laboral diaria. En ambos casos la educadora/ mediadora construye in situ conocimiento y aprende de quien tiene en frente. Es curioso cómo en muchos momentos, de hecho, se genera una mirada distinta sobre lo que estamos viendo, y configuramos en colectivo otra forma de aproximarnos a la cultura.

 

La profesión de la educación y la mediación comparten, por desgracia, la invisibilidad de todas las profesiones relacionadas con los cuidados, lo pequeño, lo que sucede en otros tiempos, lo que no tiene glamour y muchas veces, mancha. Manchan los niños cuando emulan a Miró realizando paisajes intervenidos, manchamos nosotras cuando nos metemos en una red de Lygia Pape gracias a una dinámica de Pedagogías Invisibles y paseamos por la sala de exposiciones, manchan todas las mediadoras cuando se acercan peligrosamente a los cuadros o cuando entre todos hacemos moverse los móviles de Calder.

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Manchar es la constatación de lo inesperado y de la transformación.

Mancha la educación y la mediación ante los discursos de poder y el saber legitimado. Mancha porque transforma el cubo blanco en otra cosa. Mancha porque convierte el espacio expositivo en un lugar social, habitado, hablado, y porque seguramente revela todas las fracturas de la sacralidad del arte.

Mancha porque hace de la intimidad algo de lo que poder hablar. La educación y la mediación comparten el cuerpo, la voz/voces, la experiencia emocional e intelectual, el aprendizaje, la producción de conocimiento…. La educación y la mediación son, en definitiva, dos formas de hacer de la intimidad algo visible… aunque manche.

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